Recientemente he tenido la oportunidad de participar como coautor en un artículo publicado en NPJ Ocean Sustainability que aborda esta cuestión desde una perspectiva aplicada: Marine protected areas as living labs? Lessons learned & future perspectives.

En este trabajo proponemos que las Áreas Marinas Protegidas (AMPs) pueden funcionar como “laboratorios vivos”, es decir, como espacios reales donde experimentar, co-crear y evaluar soluciones de gestión en sistemas socioecológicos complejos. El artículo se basa en las conclusiones de un taller internacional que reunió a gestores de AMPs y científicos de distintas disciplinas para compartir experiencias prácticas y extraer lecciones comunes.
El enfoque es transdisciplinar: no se trata solo de generar datos, sino de co-producir conocimiento con los actores implicados en la gestión, integrar saberes científicos y locales, y utilizar ese conocimiento para apoyar procesos de gestión adaptativa. Las AMPs se presentan así como plataformas donde la investigación se vincula directamente con la toma de decisiones.
Entre los principales mensajes del artículo se subraya la necesidad de contar con marcos institucionales estables que sostengan la colaboración a largo plazo entre ciencia y gestión, la importancia de disponer de datos abiertos, compartidos y verificables, y la conveniencia de evaluar los resultados no solo en términos científicos, sino también en función de su impacto real sobre la gestión y de la percepción de los distintos grupos de interés.
A mi modo de ver, este trabajo refuerza la idea de que las AMPs no son únicamente herramientas de conservación, sino también espacios de aprendizaje colectivo y experimentación social-ecológica, fundamentales para avanzar hacia modelos de gobernanza marina más participativos, eficaces y sostenibles.



